martes, 12 de julio de 2011

La princesa y el enano...

Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos….. Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento.

Bravo, Bravo, decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano,contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. “Sigue saltando, por favor” dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos…..

Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. “Ella no es feliz aquí” pensaba el enano. “Yo la cuidaré y la haré reír siempre”. El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que
lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.

“Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor”. Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. “Ya no bailará más para vos, princesa” le dijo. “¿Por qué?” preguntó la princesa. “Porque se le ha roto el corazón”. Y la princesa contestó: “De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón”.


Oscar Wilde...

Es doloreme el corazón, y oir la voz de Fele Martínez narrándolo...

6 comentarios:

  1. A veces los espejos dan asco. Pobre enano...

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  2. Creo que a veces perdemos la escala de valores!! Una no es físicamente perfecta pero bueno, qué es lo perfecto???.

    La cosa es que la princesita del cuento no debía ser muy feliz....

    un becho

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  3. me has dejado pensando... pero no se me ocurre nada interesante que aportar! sigo pensando..., pobre enano!

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  4. Yo no tengo casi espejos y ninguno de cuerpo entero. No tengo cámara de fotos. No tengo una sola foto mía expuesta en mi habitación.
    No quiero romperme nada.
    Baci e abbracci

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  5. No se me ha escapado la secuencia de los acontecimientos. Te duele el corazón y te acuerdas del cuento, no al reves. El dolor precede a la narración. Tal vez la lluvia insistente de hoy, que ha terminado por calarte entera, te haya puesto melancólica. El corazón duele cuando nos sentimos mal valorados, ante una grave pérdida, o cuando hacemos balance de lo que somos y nos parece bien poco, que es lo que le pasa al infeliz enano. No se si hay más clases de dolor, creo que no, aparte del físico. Y, claro está, el dolor supremo lo causa el amor, que contiene y mezcla a los tres mencionados.

    Mi única conquista se la debo a Wilde. Le conté a la persona que más quería el cuento del Príncipe Feliz, durante todo un día lectivo en mi escuela. Fue una narración prolija en la que a lo mejor añadí pasajes a la historia, y que finalizó durante una clase de identificación de gramíneas, entre brizas y colas de zorro, avenas y trigos. Siempre se me dió bien mantener la vibración lírica, y ese cuento de Wilde se presta a ello. Inicie la historia con aspiraciones y la acabé con casi certezas. Por eso no voy a cargar contra este otro relato que reconozco no es muy de mi agrado. La fealdad puede resultar intolerablemente desagradable y uno tratar de evitarla, pero reirse de quien sufre es un acto peor que mezquino, es una muestra de una total falta de empatía. Rasgo que nos diferencia de los animales. Aunque otros crean que es la inteligencia. Muy español lo de reirse de las desgracias de los demás, de sus miserias. Antes era algo que trataba de controlarse. Últimamente se fomenta y santifica. Los frikis de la televisión son una buena muestra de ello.

    Habrá quien lo ponga en duda, pero es cierto, los reyes españoles que tenían enanos y bufones en su séquito los consideraban parte de la familia y les tenían auténtico cariño. Quizás un cariño degradado, como el que se tiene a una mascota, pero sincero y tierno. Felipe II camino de Lisboa, acompañando al ejército de Duque de Alba que le va a procurar la corona de Portugal, tiene como máxima preocupación durante esos días la salud de su enana Magdalena Ruiz, que ha llevado consigo por el mucho aprecio que la tiene, que le hace tratar de tenerla siempre consigo, pero que ha enfermado durante la campaña militar y el personalmente cuida. Así se lo hace saber a sus hijas en las cartas que las escribe. Cuando Velázquez pinta el mal denominado cuadro de Las Meninas, lo que hace es retratar la familia de Felipe IV, e incluye por ello tanto a Mari Bárbola como a Nicolasillo Pertusato. A la princesa del cuento de Wilde no se que le pasa, pero afirmo que jamás habría podido pertenecer a la dinastía de Los Austrias.

    Estás triste quizás y te digo que existe la compasión. A veces cerca de quien debe ser compadecido. Este sentimiento está mal visto. Ser compadecido parece invalidar cualquier motivo que uno pueda aducir para sentirse orgulloso. Yo discrepo. La compasión nace de la empatía, que es lo que nos hace ocupar la cúspide de la pirámide biológica. Ojalá mañana no te llueva, o resbale la lluvia por tu chubasquero sin mojarte. Ojalá al final del día lo sucedido durante él te inspire otro cuento. Que la alegría preceda al momento en que nos lo relates. Ah, aquella chica también tenía gafas, como tu alter-ego, aunque prefería las sequoias gigantes a los cedros.

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